En ocasiones, cuando se habla de longevidad, se tiene a reducir la idea únicamente a la prolongación de los años de vida. Y si atendemos únicamente a lo que podría decirnos un diccionario sobre los términos longevidad o longevo, efectivamente la idea sí podría reducirse a la prolongación de la vida.
Pero desde el punto de vista de la salud y el bienestar, el objetivo no debería ser únicamente la prolongación de los años de vida. Simplemente, vivir más años. El verdadero objetivo debe ser vivir más años, pero también mejorar la calidad de vida durante todos esos años en los que sea posible aumentar la esperanza de vida. Y para ello, gozar de las mejores condiciones físicas, mentales y emocionales es esencial. - Estrategias generales para la longevidad. Los avances en la ciencia, en general, y en la medicina, en particular, han permitido que la esperanza de vida de los seres humanos haya crecido considerablemente desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Muchos factores tienen que ver con esto. En primer lugar, el desarrollo de medicamentos, terapias o vacunas gracias a los cuales se consiguió limitar la mortalidad causada por las enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la neumonía u otras que afectaban al sistema digestivo. En segundo lugar podríamos hablar de una mejora de los hábitos nutricionales y una reducción de la desnutrición, que no ha alcanzado por igual a todas las áreas del planeta, pero que sí ha sido un factor importante en otras. Otro factor a tener en cuenta, y que ha jugado un papel clave, ha sido el desarrollo de los sistemas nacionales de salud. Facilitar el acceso a la salud a la población ha contribuido de manera importantísima a la reducción de la incidencia de determinadas enfermedades, si bien la investigación actualmente trata de seguir avanzando para lograr la cura de muchas otras enfermedades para las que todavía no existe un tratamiento eficaz. La investigación relacionada con la longevidad se encuentra actualmente en el punto de mayor inversión de todos los tiempos, con grandes empresas de todo ámbito y gobiernos implicados en el desarrollo de nuevos tratamientos, profundizar en el conocimiento del proceso de envejecimiento y el diseño de nuevas estrategias. En tiempos de Covid puede sonar extraño decir que las enfermedades infecciosas ya no son la primera causa de muerte, como sucedía hasta no hace demasiado tiempo. Si dejamos al margen los estragos causados por la pandemia, y sacamos de la ecuación el último año y medio, la principal causa de muerte desde mediados del siglo XX en adelante son enfermedades asociadas al envejecimiento: cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares... Por supuesto también hay que tener en cuenta que en muchos casos el estilo de vida actual nos ha conducido a situaciones en las que vivimos en entornos donde la contaminación nos perjudica día a día, el ritmo de vida o los compromisos laborales nos impiden alimentarnos como nos gustaría o tener las horas de descanso y sueño necesarias, y que existen también situaciones de estrés prolongado y otros factores externos que nos afectan de forma perjudicial. - Estrategias individuales para la longevidad. A pesar de todos los avances, es fundamental la participación y la implicación de las personas en su propio bienestar. Hace tiempo que los individuos tenemos un papel activo en el cuidado de nuestra salud, y que nuestros hábitos determinan en buena medida cómo diferentes enfermedades o dolencias pueden afectarnos, especialmente las asociadas al paso del tiempo, al proceso de envejecimiento. La toma de conciencia al respecto y realizar determinados cambios en nuestros hábitos puede ayudarnos a aumentar la esperanza de vida, y también, lo que es igual de importante, a mejorar las condiciones de vida desde el punto de vista físico, mental y emocional. Entre estos hábitos, podríamos destacar: Mantener un estilo de vida activo que permita reducir el sedentarismo y que el ejercicio forme parte de la rutina diaria. Abandonar hábitos tóxicos como el tabaquismo o la reducción del consumo de alcohol. Mejorar la calidad del sueño y el descanso. Poner especial atención en el cuidado de la salud mental. Mejorar los hábitos nutricionales reduciendo o eliminando el consumo de alimentos nocivos para la salud como el azúcar, la sal o los alimentos ultraprocesados. Optimizar la alimentación con ayuda de los complementos nutricionales.